
Texto: Máximo Cerdio/ Fotos: Ojocojo
Seis estudiantes con sordera entrarán el próximo ciclo escolar (2017-2018) a cursar la educación media superior, así lo confirmó el director de la Escuela Preparatoria de Jojutla, Miguel Ángel Ibarra Robles, quien explicó que el acceso a estos jóvenes morelenses a al bachillerato les permitirá también entrar a la universidad, ya que la escuela depende de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM).
Expuso que las instalaciones de la preparatoria están acondicionadas para personas con discapacidad y se cuenta con personal especializado para entender, guiar y enseñar a estos nuevos alumnos.
En la historia de la UAEM es la primera vez que seis personas con sodera ingresan a estudiar en este nivel.
Lo anterior gracias al Programa Universitario para la Inclusión Educativa y la Atención a la Diversidad (PUIEAD) de la UAEM.
Como cada vez son más las personas con discapacidades que se interesan por estudiar en los niveles medio superior y superior, el año pasado la máxima autoridad universitaria aprobó el proyecto “Escuela de Estudios Superiores para Personas Preferentemente con Discapacidad”; con ello se crearán nuevas carreras como la Licenciatura de Estrategias de Intervención para la Inclusión en Educación, en la cual podrían estudiar incluso quienes que no tiene discapacidad pero que están interesados en estos temas.
El rector de la UAEM, Jesús Alejandro Vera Jiménez, dio a conocer que la máxima casa de estudios de Morelos cuenta en la actualidad con 130 personas con discapacidad: “son trabajadores, docentes y estudiantes, en diversas carreras en los niveles superior y medio superior, tanto en el campus norte como en otras sedes del estado”.

Primera universidad mexicana inclusiva
La Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) es la primera en todo el país en incluir a las personas con discapacidad, esto según un acuerdo del Consejo Universitario (CU) del año 2013.
Enrique Álvarez Alcántara, director general del Programa Universitario para la Inclusión Educativa y la Atención a la Diversidad (PUIEAD) de la UAEM, explicó que la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad de Guadalajara, la Universidad Veracruzana y la Universidad de Monterrey, tienen programas similares pero por facultad, en cuanto cambia la administración central cambian los programas, mientras que en la UAEM el Consejo Universitario (que es la máxima autoridad) lo aprobó, lo que le imprime autonomía y le da personal y presupuesto para que pueda iniciarse, continuar y mejorar, no queda al arbitrio de los directores o del rector.
Para Enrique Álvarez el hecho de que el Consejo haya ordenado la inclusión de PUIEAD es significativo porque ahora la universidad considera a la inclusión como una política institucional y debe haber maestros capacitados para esta enseñanza. El Reglamento General de Obras ordena que las obras de infraestructura que realice la UAEM deben ser respetuosas del entorno ambiental y accesibles para las personas con discapacidad, lo cual favorece su permanecía en la universidad.
Álvarez Alcántara señaló que la universidad está cumpliendo con la inclusión en el ámbito institucional, y ahora falta que en los ayuntamientos, en los estados y en la federación se elabore y se dé cumplimiento a políticas públicas para la inclusión de personas con capacidades diferentes: calles, edificios públicos, etcétera.
De las 41 nuevas obras que ha realizado la UAEM casi la totalidad ya son accesibles: tienen rampas, elevadores, adaptaciones; de las edificaciones que ya existían hay 20 por ciento de avance en términos de accesibilidad y en algunos edificios es imposible realizar modificaciones porque son históricos y se debe respetar cierta arquitectura: el del Museo de Arte Popular indígena, del centro de Cuernavaca, es ejemplo de ello.

Los olvidados
El director general del PUIEAD expuso que el tema de la discapacidad correspondía al sector Salud y al Desarrollo Integral de la Familia (DIF).
Antes de 1970 había atención a las personas con discapacidad en los internados, en hoteles, en hospitales, en la calle, allí se atendía a los ciegos y sordos, las monjitas, los adoptaban.
Fue hasta los setenta que los sordos y los ciegos entraron al sector educativo en la enseñanza básica, pero dentro del modelo de educación especial. Había escuelas para ciegos, para sordos, para deficientes mentales, y en un grado siguiente había centros de capacitación de educación especial, en los cuales se enseñaba a estas personas oficios: macramé, galletas; con esto se oficializó la caridad pública.
Después vendrían las asociaciones civiles como Asociación pro Personas con Parálisis Cerebral (APAC I.A.P) y la Fundación John Langdon Down, creadas por familiares de personas con discapacidad, de corte asistencial también.
APAC fue la primera que firmó convenios con la Secretaría de Educación Pública (SEP), la asociación pagaría maestros y materiales.
No había políticas públicas para estas personas, pocos llegaban a la educación superior: Gaby Birmer fue recibida en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, y otros dos o tres pudieron entrar a otras facultades, por ejemplo, pero fueron la excepción.
En los años noventa se crean los Centro de Atención Múltiple (CAM) para maestros y las Unidades de Servicios de Apoyo a la Educación Regular (USAER) para los alumnos.
Surgen, asimismo, los Centros de Atención e Inclusión Educativa, en el nivel bachillerato para ciegos, sordos y personas con discapacidad.
Con todo esto se comienza a replantear la idea de la reintegración educativa y la educación regular para las personas con discapacidad, aunque sólo en el nivel de preparatoria porque para la Universidad no existen políticas públicas estatales ni federales.

Hay más que los que cuenta el INEGI
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en Morelos cerca de 7 por ciento de la población padece algún tipo de discapacidad, es decir, hay de 150 mil a 170 mil personas con capacidades diferentes.
Enrique Álvarez Alcántara criticó la metodología del Inegi y dijo que hay más, ya que el Instituto sólo realiza el conteo de niños y jóvenes, sin embargo, hay adultos y adultos mayores que tiene discapacidad por alguna enfermedad, accidente o padecimiento posterior a su juventud y no son incluidos en el conteo.: “el dato más cercano lo tiene la Organización mundial de la Salud, que estima que son cerca de 17 por ciento de la población (en el mundo y en los países) la que tiene algunas discapacidad”, apuntó.
Muchos pendientes
Enrique Álvarez Alcántara explicó que a pesar de que se ha avanzado en las políticas de inclusión en la sociedad en general hay varios obstáculos por vencer.
Es necesario la existencia de un entorno urbano que respete los espacios de accesibilidad y movilidad porque existen barreras arquitectónicas que impiden que las personas con discapacidad accedan físicamente a los lugares de conocimiento, que se muevan hacia ellos; por ejemplo, los lugares públicos están llenos de escaleras, no hay rampas, elevadores y esto se convierte en un obstáculo.
Lo mismo sucede con el transporte: no existen medios de transporte público con accesibilidad y movilidad.
El otro asunto es que creemos que basta con que el alumno entre al aula, pero no, una vez que está dentro debe tener acceso a todos los servicios, por ejemplo, baños con pasamanos o adaptados para personas pequeñas o con ceguera o con capacidades diferentes.
Un obstáculo más es el acceso a la información. Una persona ciega que no tiene la posibilidad de que en las bibliotecas tengan un software que traduzca de imagen a voz y de texto a voz no tiene acceso a la información como una persona que puede ver.

Los tiempos de aprendizaje son distintos, no es lo mismo leer en braille que leer visualmente, en esta modalidad la información se obtiene de un golpe, espacialmente está distribuida, mientras que el tacto es temporal, cuando tocas un signo dejas de tocar el otro, el papel de la memoria y del reconocimiento de texto es distinto.
En el caso de los sordos, no basta con que ellos lean, por lo general muy mal, y escriban peor: no es su lengua materna el español, sino el de señas; lo deseable es enseñarle en lengua de señas, pero ésta es muy limitada todavía.
En México nadie forma profesionales en lengua de seña, hay familiares de personas sordas, maestros de personas sordas, parejas de personas sordas que tienen necesidad de aprender y se vuelve intérpretes en la vida práctica.
La lengua de señas se creó para la vida cotidiana: mi nombre es tal, pero para explicar algo complejo resulta bastante difícil.
Álvarez Alcántara explico: “Por ejemplo, los dos intérpretes de señas que tenemos en la Facultad de Artes son egresado de la Facultad de Psicología y toman un diplomado, pero no sabes de arte, entonces se tienen que volver alumnos de artes para poder apoyar a los alumnos y apoyar a los maestros que no son intérpretes para que éstos puedan efectuar una evaluación efectiva a los alumnos con discapacidad”.