
Por Máximo Cerdio
Reporteros de la Ciudad de México y algunos de Morelos se solidarizaron con una colega de Cuautla de nombre Rosa Eugenia Linares Morán, de 45 años. Por las redes sociales, los periodistas, principalmente de la Ciudad de México, lanzaron una campaña en la que pidieron ayuda para ella, quien no tiene un trabajo fijo y además debe mantener a su hijo Jesús Daniel, de tres años cinco meses de edad, quien sufre parálisis cerebral y ataques epilépticos: circularon videos en YouTube y post en Facebook y Twitter, en los que se daba a conocer sus necesidades y un número de cuenta para hacer depósitos de dinero. También hubo entrevistas en medios de comunicación nacional e internacional.
La ayuda llegó en diferentes formas, incluso el gobierno del estado de Morelos se comprometió a revisar el caso de esta reportera y fotoperiodista y darle un empleo fijo y gestionar atención para su hijo.
La imagen con su hijo

La fotografía que circuló en Facebook y en Twitter mostraba a una mujer que documentaba una marcha. A sus espaldas llevaba a un pequeño de tres años. El sol de las doce traspasaba las gorras, sombreros y sombrillas y golpeaba las molleras de poco más de 150 personas que exigían a las autoridades la localización de un menor desaparecido y demandaban más seguridad en Yautepec. Pobladores observaban la procesión callada en las banquetas ese domingo 17 de abril de 2016.
El grupo de manifestantes continuó hasta el zócalo, en donde la madre del niño desaparecido reveló, entre llantos y espasmos, que su hijo había sido secuestrado y pidió ayuda económica a los asistentes para completar el monto del rescate. Algunos se quedaron apoyando a los familiares de la víctima que organizarían una venta de bazar para recaudar fondos.
De todo esto y de la entrevista con el alcalde Agustín Alonso Gutiérrez dio cuenta Rosa Eugenia que, segundos después de que terminó la marcha, se perdió, como la mayoría de los inconformes, por las calles del pueblo.
La imagen efímera de la reportera con el niño a espaldas es, por sí misma algo fuera de la común. Para muchas personas que la conocen, esta mujer podría ser un ejemplo de amor, entrega y ganas de salir delante de una manera digna.
Un zoom a Rosa Eugenia

“Yuyis”, como le dicen sus amigos, ha laborado en instituciones en el área de comunicación social y desde hace más de 15 años para distintos medios de comunicación como fotógrafa y reportera (Línea caliente, Radiorama, La K Buena, Audiorama, etcétera). En la actualidad no tiene empleo fijo, ayuda a dos reporteros, quienes le pagan cerca de mil 700 pesos quincenales por la información que envía (cuatro notas diarias, videos, audios). No tiene a nadie que la auxilie con los gastos. No paga renta, le “prestan” una casa en obra negra en la colonia Emiliano Zapata; “si tuviera que desembolsar mensualmente un dinero, no me alcanzaría para comer”, aseveró.
Tiene seguro popular y su hijo recibe atención en instituciones públicas, sin embargo, hay tratamientos, medicinas y gastos extraordinarios que no cubre el seguro o que el menor requiere con urgencia y que se deben pagar en ese momento. “Gano muy poco, apenas nos alcanza para comer y para medicinas y tratamientos, la verdad no sé cómo le he hecho para sobrevivir”, confesó Rosy.
El peso de toda esta carga no la vence. Ella sale con su cámara, su grabadora y su libreta a cumplir con su labor. A sus espaldas va su “compañero” reportero, con el que platica lo que observa y lo que piensa mientras camina “para estimularlo a que hable”.
La vida antes de Jesús Daniel
Rosa Eugenia Linares Morán es madre soltera, su hijo Jesús Daniel tiene tres años y cinco meses de edad.
Hasta antes que él naciera ella fue ama de casa, se separó de su esposo con el que hizo una vida en común por doce años y procrearon a dos hijos que en la actualidad son mayores de edad e hicieron su vida “aparte”.
Rosy Linares, como también se le conoce en la zona oriente, estudió hasta la educación secundaria y trabajó como secretaria en algunas oficinas, después en áreas de comunicación social y posteriormente como reportera para varios medios locales.
En 2012, laboró con el entonces candidato a la alcaldía de Cuautla, Jesús González Otero, quien ganaría la presidencia municipal para el periodo 2013-2015. En esa época, la reportera entró a trabajar al área de Comunicación Social del sistema DIF municipal de Cuautla, la presidenta era Guadalupe González Mosqueda, esposa del alcalde.
Negligencia tras negligencia
Jesús Daniel nació el 28 de octubre de 2012. Su mamá cree que el niño “se le cayó” a las enfermeras o al doctor que la atendió, no lo asegura porque ella estaba acostada en la camilla, en trabajo de parto y momentos antes de que se desmayara escuchó que algo, cerca de ella, azotó sobre el piso. Cuando despertó preguntó por su hijo y si se les había caído y le dieron que no, que fue la placenta. Horas después le llevaron al bebé, éste temblaba y le dijeron que lo abrazara y le diera de comer para que se calmara ya que a lo mejor tenía hambre o frío. Rosy siempre se quedó con la duda.
El martirio en los hospitales
El día 4 de noviembre de 2012, la periodista y su hijo de siete días de nacido llegaron a las 6 de la mañana al Hospital General de Cuautla: el niño estaba muy amarillo.
A las ocho de la mañana la atendió un empleado y le dijo que regresara al día siguiente: un pediatra lo debía valorar y en su caso dar órdenes para que le sacaran muestras y le hicieran análisis.
Según Rosy, para no discutir con el empleado, fue a Yautepec “a buscar a la doctora Ludmila, a quien yo conocía. Ella vio inmediatamente a mi hijo y mandó a hacerle análisis, además también ordenó que le diera fototerapia porque el bebé estaba amarillo. Ese mismo día, como a las 16:00 horas, regresé al Hospital General de Cuautla, ya con el resultado de los estudios y con la orden de la fototerapia, yo no podía pagarla porque es muy cara y no tenía dinero”.
La recibió un tal doctor Gasca y le dijo que ninguno de esos documentos ni resultados valía porque era un hospital distinto y de distinto municipio: “su niño lo debe valorar el pediatra de acá y hacerle sus estudios y un diagnóstico”.
Ante la negativa de este médico, fue a buscar al director general, César Cedillo, pero éste se encontraba ocupado. La atendió la subdirectora y le explicó el problema y ella la acompañó a hablar con las enfermeras, quienes le recibieron al bebé: éste lloraba. Una vez que dejó a su hijo aprovechó para ir al baño.
“Cuando salí del baño mi hijo ya no lloraba pero comencé a ver mucho movimiento en la sala donde lo entregué, incluso había un vigilante para impedir el paso a las personas. Eran como las 17:00 o las 17:30 horas. Una mujer –que segundos después fue retirada por el vigilante– me dijo que ella había visto que una enfermera le estaba aplastando al bracito al bebé y de repente el niño dejó de llorar y se puso amarillo y después morado. Mientras preguntaba por mi hijo vi que pasaban un ‘carrito rojo’ con instrumentos para resucitación y me alarmé. Yo estaba desesperada y llamé a un compañero reportero. Le dije: ‘ven, por favor, mataron a mi bebé’. Él llegó en veinte minutos y pedimos hablar con el doctor César Cedillo, director del lugar”.
Cuando el médico vio al reportero, se le acercó y dijo que efectivamente había habido una emergencia, que el niño había tenido un espasmo porque había hecho un “berrinche” pero ya lo había sedado y estaba dormido; lo tendrían bajo observación.
El reportero se fue y Rosy se quedó en el hospital.
Minutos después, el médico se le acercó y le dijo que si quería comer y ella le contestó que quería que le dieran a su hijo sano, como había llegado. También le preguntó si el niño tenía seguro popular y ella le dijo que no, y en ese momento ordenó que lo inscribieran y así lo hicieron.
Poco antes de las 12 de la noche, el doctor César Cedillo le dijo que su hijo se había puesto grave, que lo trasladarían al Hospital del Niño Morelense –cuando estaba en Cuernavaca– y que fuera con él en la ambulancia: “no vas a pagar nada, el niño ya tiene seguro y la ambulancia está pagada”, explicó, a lo que ella le respondió que “cómo pretendía cobrarle si yo le llevé a mi hijo sano”. Fue a la ambulancia y esperó a que metieran al bebé en ella. A los pocos minutos lo llevaron en una camilla, iba en una incubadora, con tubos y con sus ojos tapados. De ahí se fue con él a urgencias.
Al poco rato que Jesús Daniel ingresara, la doctora de turno la mandó llamar: “señora qué le hizo a su niño, usted llego con su hijo en paro cardiorrespiratorio”.
No, le respondió, y le explicó que había llegado con su hijo sano, y el doctor le dijo que tuvo un espasmo, a lo que la doctora le respondió que el bebé había estado en paro entre quince y veinte minutos.
“Si es católica póngase a rezar, porque su hijo tiene de vida 72 horas”, le dijo y se metió al hospital.
El diagnóstico
La reportera platicó que el bebé estuvo en el hospital de veinte a veinticinco días, primero en terapia intensiva, después en intermedia y por último en piso. Lo dieron de alta con un diagnóstico de epilepsia y discapacidad motriz.
El cardiólogo le dijo que la enfermedad no era heredada, en el ultrasonido y en los estudios que le hicieron aparecía una vena desgarrada producto del paro, pero era un corazón de un niño sano. “No le llegó oxígeno al cerebro quince o veinte minutos”, le explicó.
Los doctores le explicaron a Rosy que era probable que con terapias adecuadas el niño tendría una mejoría y desde ese momento su vida giró alrededor de él.
Su hijo no mejoró, apenas puede pronunciar una palabra (“mamá”) y depende totalmente de ella para sobrevivir.
Pero además de estos golpes, Rosy tendría que soportar otros.
La despiden del DIF
Durante su embarazo trabajaba en la campaña del entonces candidato Jesús González Otero. Cuando éste ganó la presidencia la emplearon en el área de Comunicación Social del Sistema DIF, con Guadalupe González Mosqueda, esposa del alcalde.
“Se supone que yo ganaba cerca de ocho mil pesos al mes, pero me descontaban como tres mil pesos, porque tenía yo que ir a las terapias y consultas de mi hijo y, sobre todo, tenía que estar de seis a dos horas esperando en el hospital a que me lo entregaran porque al menos dos veces por semana le daban ataques epilépticos y la única manera de que éstos paren es sedándolo”.
El 16 de enero del 2015, la esposa del alcalde la mandó llamar. Siempre que pedía hablar con ella no me atendía en persona, mandaba a alguien, cualquiera de sus amigas o comadres y parientes que trabajaban en el DIF.
Ese día, Rosy llegó a su escritorio y había un pariente de la presidenta respaldando información. Le dije a esa persona que la dejara escribir en su máquina y su escritorio y respaldar sus archivos personales, pero él respondió que tenía órdenes de no dejarla abrir ningún escritorio o máquina y que esperara en la sala donde sería atendida; ella se sentó y esperó.
Minutos después llegó la directora del DIF y le dijo que por órdenes de la señora se iría a trabajar a Comunicación Social al Ayuntamiento de Cuautla. Rosy le pidió la orden por escrito, pero la directora le dijo que no era necesario y que ya habían hablado al Ayuntamiento.
“Iván Meneses trabajaba en ese tiempo en la comuna y le pregunté si había la orden de mi traslado y me dijo que no sabía nada pero que aquello le ‘olía’ a que querían despedirme sin liquidarme y me sugirió que buscara a un abogado. No pude contratar a un abogado porque no tenía dinero por lo que contraté a un pasante que me acompaño al trabajo y filmó mi entrada y todo, se quería reunir evidencia para demandar o defenderme”.
Quince días después la mandaron llamar del DIF y le ofrecieron cuarenta mil pesos de liquidación; le tocaban cerca de cincuenta y cinco mil pesos, según el pasante de abogado, pero como estaba muy necesitada tuvo que aceptar esa liquidación.
“La enfermedad de mi hijo absorbió todos mis recursos y en poco más de dos meses se me acabó lo que me dieron de liquidación. Estuve buscando trabajo pero no encontré, dos compañeros reporteros me ofrecieron ayuda y es de lo que vivo hasta el día de hoy; me pagan cada quince días una cantidad, es la única percepción que tengo. Antes vendía yo fotos, pero ahora cualquiera saca una foto con las tablets y celulares y ya no hay venta”.
De acuerdo con algunos noticiarios nacionales, es probable que en el caso del despido de Rosy Linares haya habido discriminación, por lo que el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación pidió a la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Morelos su intervención.
No pienso en el mañana, vivo el presente

Uno se equivoca si espera de Rosy una actitud de una persona amargada. A pesar de que los médicos le dijeron que la condición de su hijo mejoraría con el tiempo y ha sucedido lo contrario (de discapacidad motriz el diagnóstico cambió a parálisis cerebral), ella no se deja vencer. “Yo trato que el tiempo que Dios me lo quiera dejar, (él) sea feliz. No pienso en el mañana, vivo el presente, me levanto con mi hijo, ando con mi hijo, me duermo con mi hijo, lo atiendo, todo el tiempo le platico, le hago bromas, me hace bromas, tratamos de reír, eso es lo que nos salva y nos alienta: el momento, platicar”.
Ella contesta siempre con una sonrisa y de manera franca, no rehúye a ningún tema, lo expone de forma directa, aunque cuando recuerda el día que le dijeron que su pequeño viviría sólo setenta y dos horas no puede contener las lágrimas.
El niño, por su parte, también sonríe. “Mamá, mamá”, le dice. Mueve las manos, señala, mueve la cabeza y hace gestos. Toma la cámara de su madre y apunta con ella a los interlocutores.
“Cuando estoy trabajando y entrevisto a la fuente, y él se aburre me tapa la boca para que yo ya no pregunte; algunos se sacan de onda pero los que ya conocen a mi hijo no se sorprenden. También se ríe cuando tropiezo, y entonces yo le digo, cállate porque si yo caigo voy a caer sobre ti y te voy a aplastar, y él se carcajea”.
Buenas nuevas

El 5 de mayo este año, en entrevista telefónica, Rosy Linares comentó que un funcionario estatal se había comunicado con ella para decirle que el gobernador Graco Ramírez había pedido que la incorporaran a Comunicación social del Gobierno del estado.
Al día siguiente, el mismo funcionario le dijo que ella cubriría la zona Oriente del estado y que realizaría varias actividades, entre otras cubrir cuando llegaran secretarios del estado:
“También me dijo que entraré en un proceso de regularización de seis meses para acceder a nómina. Asimismo, gestionaron una cita para Jesús Daniel el lunes 9 de mayo en el Hospital Infantil Federico Gómez, en la Ciudad de México y se comprometieron a buscar una cita en el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía”.