Ambulantaje, ¿de quién la bolita?

Vendedores en el centro

Carolina Alvarado

La incesante aparición de más ambulantes, principalmente en las calles del centro de Cuernavaca, se debe a un mágico gafete que ostenta el logotipo del Nuevo Grupo Sindical (NGS). Eso significa que eres un “tolerado” más. Nadie te puede “levantar” del hacinado centro.

Pero ¿cómo logran un gafete del NGS para invadir con todo tipo de tenderetes y mercancías la vía pública municipal? ¿Cómo se reproducen los gafetes del NGS colgados en puestos de artículos y garnachas?

Solicitamos  al  ayuntamiento a través de la plataforma del Instituto Morelense de Información Pública y Estadística (IMIPE): “solicito el documento, propuesta o documento mediante el cual el ayuntamiento de Cuernavaca le permite al Nuevo Grupo Sindical (NGS) que sus afiliados vendan en forma semi fija (ambulante) en la vía pública”. En respuesta a esa solicitud de información –número 58 del 22 de marzo de 2017–, dice el licenciado Salvador Luna Palomina, jefe de padrones en vía pública: “se realizó una búsqueda en los archivos y antecedentes en esta Dirección de Gobernación Normatividad y Comercio Pública, por lo que no se encontró acuerdo, propuesta o documento que el Ayuntamiento le haya otorgado al NGS a fin de que sus agremiados realicen de la actividad comercial de manera semi fija en la vía pública”.

También señala en otra respuesta que “(…) esta administración no ha otorgado permisos para la realización de actividad comercial semi fija en vía pública”.

Pero entonces, ¿quién si no es la autoridad, permite la invasión de las calles con puestos de comida sin las mínimas normas de seguridad ni limpieza? La respuesta la otorga quien dirige a un pequeño grupo de vendedores “tolerados” y que prefiere guardar su identidad.

–La proliferación del ambulante es por los “tolerados”. Enrique Paredes es el responsable de la proliferación desmedida de comerciantes, él le otorgó de manera ‘verbal’ al NGS los más de 50 permisos que ahora rentan a su vez hasta en tres ocasiones; de esa manera ha crecido incontrolablemente este problema que afecta a todos, pero que nadie quiere ver, escuchar ni atender con seriedad. En esta administración también se han hecho esos acuerdos.

Agrega que no es posible quitarlos porque “están aleccionados para gritar y acusar al policía de abuso de autoridad y violación a los derechos humanos cuando un inspector los quiere “levantar”, dice nuestra anónima fuente.

Con la periferia pegada a la piel, unas veces empujan largas horas una carretilla con frutas de temporada, otros cargan durante kilómetros un aparador de gelatinas este  ejército de vendedores ambulantes es  el protagonista de una nueva forma de esclavitud; son personas que trabajan sin las condiciones laborales mínimas garantizadas en la constitución y están a merced de caciques dueños de flotillas de carros de tamales, carritos de congeladas, que les dan 100 pesos diarios por 10 a 12 horas trabajando sin prestaciones ni derechos laborales.

Este ejército de seres humanos representa la nueva esclavitud de la que nadie se hace responsable, que nadie ve, de la que nadie habla, y que sin embargo está ahí, todos los días en todas las calles de la Eterna evidenciando el desdén y la negligencia de quien detenta la autoridad.

Pese a las precarias y evidentes condiciones en las que se halla, es ignorado en sus derechos fundamentales y explotados; son carne de cañón para ambas partes, la institucional y la de su patrón: cuando hay algún desacuerdo entre el líder y la autoridad municipal, ellos son “levantados” por los inspectores; el líder no es molestado ni agredido en su patrimonio o persona.

Por supuesto, la autoridad –comprometida más con el partido que lo puso ahí que con su obligación de garantizar y defender derechos a la población– los utiliza para engrosar el músculo a la hora que haya que manifestarse en las calles y demostrar afiliados a su causa. Después, a la hora de defenderlo del levantón, si te vi, ni me acuerdo.

En estos tiempos en que se habla como nunca en nuestra historia de los derechos humanos y su defensa, para estos comerciantes no hay tal. No hay una instancia capaz o eficiente que pueda ordenar el comercio en la vía pública.