

Por Stella Turcato
Todos los días cierran negocios tradicionales, de exitosa y vieja data en Morelos, como ahora lo anunció Iker Cantina, mediante una publicación de despedida en redes.
Aquí, la economía va a contracorriente y en disonancia con el Gobierno de México.
En Morelos, no hay desarrollo económico y ahora también se avizora una próxima crisis laboral, no sólo por una sensible pérdida de empleos (una baja de casi seis mil puestos formales en un año), sino por latentes conflictos sindicales, difíciles de resolver ante la falta de oficio político.
Hay una Secretaría de Desarrollo Económico y del Trabajo, que no da una. Como si no existiera. Amén que desaparecieron las otras dos dependencias, de efímera presencia y creadas en la actual administración para saldar diferentes tipos de «compromisos» de campaña con Leticia Peña Ocampo e Iván Elizondo Cortina.
Fue así como los colocaron, respectivamente, al frente del «Instituto de Economía y Bienestar» y del «Consejo de Inversiones».
Tan fue una ocurrencia de Margarita González Saravia, que más tardó en reformar la Ley Orgánica para la creación de los nuevos organismos, que volver a reformar el mismo instrumento jurídico para eliminarlas, al carecer no sólo de presupuesto, recursos humanos y estructura, sino de un elemental proyecto de planeación específico para su ejecución. Penoso.
Es que ni Iván Elizondo y, mucho menos, Leticia Peña contaban con el perfil para los cargos en mención.
La única cercanía de Elizondo Cortina con el sector económico fue que había sido un mediocre presidente de la Cancintra local, por cierto, contrario al lopezobradorismo y la 4T.
Pero peor es el caso de Leticia Peña, cuyo único antecedente en el sector, se remonta a que ha sido «coordinadora de ventas en pequeños y medianos negocios del sector privado», según rezaba el propio curriculum, presentado junto con el anuncio de su nombramiento oficial. Eso, sin contar que es polítóloga, no economista.
Lo que realmente catapultó a Peña para ese cargo fue su posición, primero, como senadora suplente y después, como legisladora en funciones, al pedir licencia la senadora titular Lucy Meza, que había ganado la curul por Morena, pero que había renunciado a esa bancada, para contender por la coalición opositora, contra Margarita, por la gubernatura de Morelos.
Leticia Peña se ganó esa posición en el gobierno estatal al prestarse, en plena campaña electoral, al lucimiento de la entonces candidata Margarita González Saravia, al salir juntas ante los medios de comunicación, para anunciar que cuando asumiera (por un año) como senadora en funciones, le «devolvería» la curul al partido Morena.
Con esa aparición juntas en campaña se ejecutó una supuesta doble «jugada política», mediante la cual se sembraba la idea que la suplente Peña traicionaba a Lucy Meza para sumarse a Margarita y, a la vez, hacer creer que ésta habría “recuperado” la curul senatorial para Morena, cuando en realidad Leticia Peña nunca fue gente de Lucy, sino una cuota del partido en Morelos y la curul regresaba automáticamente al grupo parlamentario que ganó en las elecciones.
Tan fueron cargos inventados y productos de la improvisación para pago de compromisos de campaña que, a menos de ocho meses de su creación, ambos organismos desaparecieron. Y a Elizondo Cortina lo reubicaron en el puesto de consolación de subsecretario de Desarrollo Económico (?) y Leticia Peña, fue recomendada por la gobernadora para titular de la Profeco en la entidad. Cargo para el que tampoco reúne el perfil, al carecer de la licenciatura en Derecho, idónea para una delegación de la Procuraduría Federal del Consumidor.
