Chirimoya y zapote

Arboles de frutas

Por Elsa Castorela Castro

Columba Monroy Ortiz y Rafael Monroy, escribieron un libro acerca de la flora en el estado: “Las plantas, compañeras de siempre, una experiencia en Morelos”. Se trata de una monografía de plantas útiles, documentadas en la entidad, entre éstas, se encuentran los árboles,  de esta obra, se extrae información de la chirimoya o anona y  zapote.

La anona o chirimoya, se encuentra en la vegetación secundaria, el bosque tropical caducifolio,  en el bosque de encino y en las huertas o jardines particulares, este árbol ha sido cultivado y naturalizada en las regiones subtropicales del mundo, desde tiempos antiguos naturalizada  y posiblemente domesticado en México.

El árbol de anona, cuyos frutos son comestibles y se usa  como ornamental por el tamaño de sus hojas y follaje atractivo.

Sus hojas, son utilizadas para madurar frutos, se envuelve la fruta y se le agrega dientes de ajo, se les rocía alcohol en forma de cruz y se exponen a los rayos del sol. Las hojas también se usan como medicina para curar el escozor de las encías, para aliviar la diarrea, acompañada de otras plantas (pág. 131, de la obra y autores antes mencionados).

En el libro de los autores antes mencionados, acerca del zapote negro o zapote prieto, según la región (pág. 253) y otros investigadores, es originario de México y Centroamérica, es un árbol de 20 metros de altura, su hábitat “la selva alta perennifolia, la mediana subperennifolia y la subcaducifolia, la baja caducifolia, y vegetación secundaria derivada de éstas.

Un árbol, de frutos comestibles, se consumen frescos o preparados en diversas formas: se hacen paletas de hielo,  en la cultura popular se consume con jugo de naranja, también  utilizado en la medicina tradicional, entre otros usos.

Árboles que nos alimentan

Árboles que nos alimentan
Árboles que nos alimentan

Por Elsa Castorela Castro

Entre los árboles que nos alimentan están la diversidad de ciruelas que encontramos en los mercados locales, que los campesinos e indígenas con el tiempo han seleccionado las frutas de mejor calidad y con ello, logrado la variedad de colores que nos presentan los paisajes en los patios frutales y mercados.

Durante una entrevista, Columba Monroy Ortiz, profesora e investigadora del Laboratorio de Ecología del Centro de Investigaciones Biológicas de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), habló de la importancia de los alimentos locales, esto es en el estado de Morelos, donde se localizaron tres mil especies.

Para el caso de árboles que nos alimentan, se refirió al ciruelo, cuyo antecedente se encuentra en la cultura prehispánica, de ello da cuenta la Sierra de Montenegro, con una historia de 1,500 años a.C.; en este lugar, se localizaron restos de esta fruta.

De acuerdo a la investigadora Monroy Ortíz,  el ciruelo es un árbol que ha sido domesticado, y seleccionados los rasgos que más gustan a los propios campesinos y amas de casa que los convierten en alimento; “que no son tantas especies, sino diversidad de colores”, destacó.

Se encuentran en la  selva baja caducifolia, en las casas, se pueden encontrar rodeando terrenos, como cercos vivos, enfatizó Monroy Ortiz.

Nances y guamúchil

La ciruela, como otros árboles frutales,  entre ellos, los nanches o nances se encuentra entre la vegetación, los hay dulces y amargos.

El Guamúchil o Huamúchil, es un árbol cultivado y silvestre en la vegetación secundaria; es utilizado para dar sombra, cercos vivos, para delimitar terrenos. Su madera es muy dura que se utiliza como combustible, su fruto, se vende en los mercados locales.

Tetelcingo: una temporada entre los muertos

Fosa común en Tetrelcingo
Fosa común en Tetrelcingo

Texto:Máximo Cerdio/Fotos: Ojocojo

Tetelcingo, Cuautla, Morelos.-El olor a muerto casi se puede tocar. Sale del fondo de la tumba y trepa por las paredes de tierra hasta las mesas de disección. Otra veces rompe el plástico negro de la bolsa y emerge como un buzo al que le falta el aire, se mete a la nariz de los peritos, se restrega en los overoles, brinca la zona prohibida y se lanza contra los periodistas y la gente que está detrás de las vallas.

“Nunca se te olvida por más tiempo que pase y por más muertos que sigas oliendo en toda tu vida. El olor permanece ahí, en algún rincón oscuro de la memoria. A veces cuando menos lo piensas, cuando estás solo, aparece y te inunda. Es un olor que te recuerda que no vas a estar todo el tiempo en este mundo. Ahora hay protectores, hace más de treinta años se trabajaba sin guantes, sin tapaboca y sin trajes de protección”, relataba un especialista forense.

“Uno cuando está vivo se preocupa por oler bien, pero una vez que uno muere llega a oler como ellos, ese olor a podrido es nuestro, está dentro de nosotros, dentro de nuestra piel y de nuestros huesos. El cuerpo rechaza ese olor, pero si éste permanece uno lo va asumiendo; el organismo se adapta a ese olor, se le reconoce, la inteligencia le da un origen, lo explica y lo asimila, de tal manera que puede uno trabajar con los cuerpos o ingerir alimentos sin que a uno lo distraiga; esto no quiere decir que uno se vuelve indiferente, sólo se trata de un mecanismo humano, de la conciencia, de la inteligencia”, explicaba un perito de la PGR mientras toma un descanso fuera del área de seguridad.

Por primera vez en la historia del estado se reexhumaron117 cuerpos en una fosa común y por vez primera en México y en la entidad, la Universidad Autónoma de Morelos (UAEM) participó con un equipo de especialistas en este hecho y en el análisis, identificación, toma de muestras y obtención del ADN de los restos mortales.

Fueron parte del proyecto la Procuraduría General de la República (PGR), la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), la FiscalíaGeneral del Estado de Morelos (FGEM) y la UAEM, además de los familiares de víctimas desaparecidas del estado y de otras entidades como Nuevo León, Michoacán y el Estado de México.

Esta es una relación de hechos fundamentales y accesorios que ocurrieron durante el desentierroen este pueblo donde los muertos no pudieron descansar en paz.

Perito en fosa
Perito en fosa

Antes se sembraba maíz, ahora muertos

La fosa común –que se dividió en dos hoyos de aproximadamente 3 metros de con siete centímetros de profundidad– está en el panteón “Las Cruces”, del paraje o predio El Maguey, en este pueblo localizado al norte de Cuautla, Morelos.

Se ubica dentro de una zona extensa, de varias hectáreas, a orilla de un camino de terracería por el que, pasando un potrero y variosamplios terrenos de siembra, se llega aTetelcingo.

Por los lados también hay más parcelas en los que los comuneros cultivan maíz, principalmente.

En esa sepultura, de acuerdo con el fiscal general Javier Pérez Durón, se inhumaron 116(el conteo final fue de 117) cadáveres de personas fallecidas entre 2010 y 2013, no reclamados ni identificados, que se encontraban en los anfiteatros de Cuernavaca y Cuautla (zonas metropolitana y oriente respectivamente).

También dijo que eran 118, pero en marzo de 2014 se abrió por primera vez la tumba y en diciembre de ese año se entregaron los restos de Oliver Wenceslao Navarrete Hernández (secuestrado el 24 de mayo de 2013 por un grupo armado en Cuautla)a susdeudos, y también los de una maestra, al parecer secuestrada y asesinada por sus captores.

En Cuautla sólo hay dos panteones regulares, los demás (21), incluyendo éste de Las Flores, son irregulares, según el alcalde perredista Tadeo Nava.

Previo a la exhumación

Desde el sábado 21 de mayo, personal de las FGE instaló una lona amarilla (de esas que se usan en la ferias) sobre la fosa común. El domingo la levantarían sobre algunas bases de fierro y la clavarían alrededor para evitar que se mojara con la caída de agua y para taparla de las molestas miradas de los periodistas.

La FGE dio a conocer medidas estrictas de seguridad en cumplimiento de los protocolos de cadena de custodia de la Procuraduría General de la República (PGR), para preservar el lugar y evitar que personas no autorizadas deambulen innecesariamente por el sitio, impedir la manipulación de objetos que pudieran servir de indicios o evidencias, o se desechen objetos que pudieran tener relación con la investigación, así como que alguien toque los cuerpos o restos humanos.

El domingo 22 de mayo continuaron los trabajos de acondicionamiento por la Fiscalía, del gobierno del estado, que instaló un módulo de atención a familiares de víctimas, y de la UAEM, que puso carpas para comedores, para conferencias de prensa y llevó vehículos, ambulancia y pipas de agua.

Policía y manta
Policía y manta

La ciencia y la muerte

La Comisión Científica de Identificación Humana (CCIDH) de la UAEM participó con cinco científicos y varios auxiliares en la exhumación, análisis, revisión e identificación de los cuerpos. Los peritos de la Fiscalía –muchos de ellos muy jóvenes– triplicaban a los universitarios.

Cerca de las 11 de la mañana se podía observar a más de treinta personas moviéndose como engranes de una enorme máquina que revisaba restos humanos.

La “mano de chango” de un trascabo descendía con una camilla atada. Dentro del hoyo, personal de la FGE levantaba el cuerpo envuelto con dos capas de plástico, uno transparente y otro negro y lo acomodaba en la camilla. La extremidad metálica subía la bolsa y la depositaba en la superficie, a la orilla de la fosa, donde dos personas lo recibían para acomodarlo en una celdilla; ésta era subida a una mesa de acero donde médicos legistas y otros profesionales esperaban los restos y abrían las bolsas para verificar el contenido.

Esta revisión no duraba más de 10 minutos, pero cuando había particularidades como tatuajes, deformaciones, prótesis, lesiones, los médicos legistas y los criminalistas se tardaban el doble de tiempo.

Una vez inspeccionado el cadáver, se pasaba, con todo y bolsa negra, a otra mesa en donde también era explorado: se analizaba la dentadura del occiso y se sacaban piezas dentales en buen estado; también pequeños pedazos de cartílago y hueso largos, el fémur, por lo común, que se cortaba en trozos para hacer pruebas de ADN.

Ya que las piezas eran embaladas para su análisis, se procedía a identificar el cuerpo y se depositaba en una bolsa con su identificación. Los restos se introducían en las camionetas del Servicio Médico Forense (Semefo) y más tarde serían llevados a unas criptas pagadas por el gobierno de Morelos en Jardines de Recuerdo, a unos 20 kilómetros de ahí.

Este procedimiento inició con el primer cuerpo, extraído a las “12 horas con 23 minutos del martes 24 de mayo de 2016”, según lo comunicaron en conferencia de prensa los parientes de desaparecidos. (A las 11 horas con cuatro minutos se exhumaría el último cadáver, el 117, de acuerdo con el conteo de familiares de desaparecidos.)

Peritos y auxiliares deambulan por los alrededores de la zona prohibida somnolientos. Sobre todo, después de la comida no era raro ver a uno que otro “desparramado” en alguna silla, durmiendo.

–Es un trabajo técnico, desde luego, nos concentramos en observar y examinar, pero no poreso se nos olvida que estamos trabajando con restos humanos. Uno debe ser respetuoso con ellos. También soy madre y me imagino el dolor por el que están pasado las mamás que están aquí y que han perdido a un ser amado –explicaba una perito.

Víctimas y rector
Víctimas y rector

La vigilia y el dolor

Cuatro o cinco familiares de víctimas desaparecidas permanecían detrás de la cinta amarilla de seguridad. Anotaban en hojas datos dictados por los especialistas de la UAEM.

Una o dos venían de Nuevo León; estaban allí porque tenían la esperanza de encontrar a sus parientes.

Entre ellos se encontraban María Concepción Hernández Fernández y Amalia Alejandra Hernández Fernández, madre y tía, respectivamente, de Oliver. Estas dos mujeres obligaron a la Fiscalía a abrir por primera vez la fosa común, en marzo de 2014, para rescatar el cuerpo de su pariente.

–Busco a mi hijo. Tiene un tatuaje grande en el hombro y brazo, y cuando los peritos mencionan que hay un tatuaje en algún cuerpo yo me angustio porque pienso que es mi hijo –dijo Marcela Yáñez, madre de Isaac Jair Villanueva Yáñez,  durante una conferencia de prensa en Tetelcingo.

También participaba como observadora la sociedad civil, representada por Valentina Peralta Puga, coordinadora de la Red Eslabones por los Derechos Humanos.

Al pie de la tumba, esperando y anotando, también estaba Tranquilina Hernández Lagunas, madre de Mireya Montiel Hernández, desaparecida en Cuernavaca en 13 de septiembre de 2014. A petición de ella, un juez ordenó al fiscal general permitiera la coadyuvancia de los peritos de la UAEM en el proceso de reexhumación de los cadáveres.

Mensajes para quienes no están

Familiares y conocidos de desaparecidos que no pudieron estar frente a la fosa escribieron en cartulinas mensajes a sus seres queridos. Palabras de bienvenida, frases de cariño destacan en la reja de metal resguardada por los policías sin voz, con tapabocas baratos:

“Su camino incierto hoy termina. Su regreso es la luz en medio de la oscuridad. Se abre el hoyo que los asfixiaba y respiran. El aire que les arrebataron. Bienvenidos”.

Tetelcingo fosa
Tetelcingo fosa

Las buscadas imágenes

El lunes 23 de mayo un grupo de más de cincuenta expertos llegaron al lugar donde se realizaría la extracción de los cuerpos. Llevaban bolsas, cajas con material para realizar sus respectivos estudios. Se acomodaron en una carpa instalada a un lado del boquete, se vistieron sus overoles blancos, guantes y tapabocas y se quedaron ahí, sentados o deambulando en la zona asegurada, porque ese día “no hubo muertos” que examinar.

Los fotógrafos y camarógrafos hicieron sus tomas atrás de la primera zona de seguridad delimitadas con una cinta amarilla y una rejas de metal movibles. La idea era evitar que se hicieran fotos y videos gráficas que expusieran a los cadáveres y ofendiera a los parientes.

Los periodistas se las ingeniaron para subirse sobre sillas y escaleras para obtener la imagen, aunque no alcanzaban a captar con claridad los detalles.

El lunes solamente se abrió la primera fosa en la que durante cinco días se encontrarían 53 cadáveres (en los registros de FGEM sólo había solo 52).

Para el martes 24, la Fiscalía amplió, sin acuerdo con los demás participantes, el perímetro de seguridad siete metros más. Los fotógrafos se enojaron porque esta distancia los dejaba con menos posibilidad de conseguir sus instantáneas y se quejaron; pero resolvieron el problema con un camión cisterna de la UAEM. Se subieron sobre la salchicha y de ahí realizaron tomas.

Aunque se encontraban a una distancia de más poco menos de veinte metros, los lentes sí lograban captar el proceso de exhumación y análisis de los cuerpos.

Algunos soltaron sus drones –prohibidos– que como zopilotes electrónicos escaneaban desde el aire el sitio de la excavación. Un trabajador de la fiscalía siguió a uno de estos objetos voladores hasta llegar a donde un joven lo manipulaba desde un control remoto. Según el muchacho, el oficial le dijo que estaba prohibido grabar con esos aparatos y le quitó las pilas al dron: “Las imágenes que había captado se borraron porque no pude respaldar”, explicó.

Periodistas condiarrea

Varios reporteros y fotógrafos que cubrieron este hecho durante dos o más días enfermaron del estómago, a pesar de que se vacunaron contra el tétanos y la tifoidea.

–Nos enfermamos de chorrillo. No fue la comida, hermano, fue la mala vibra que hay ahí, en un lugartan pequeño, es la mala vibra concentrada en un sitio. Hay que ir a Tepoztlán a que nos den una rameada.

Hubo quejas del personal de la Fiscalía porque los reporteros se amontonaban cuando se descubrió la primera bolsa y cuando se extrajo el primer cadáver. El tercer día había pocos representantes de medios de comunicación, el cuarto, uno o dos fotógrafos.

“El show acabó”, fue la frase que empleó un trabajador de la Fiscalía que caminaba rumbo a la entrada de la zona restringida para el público en general.

Policía vigilando en Tetelcingo
Policía vigilando en Tetelcingo

Sin novedad

Los policías que cuidan la fosa están visiblemente cansados, apenas se pueden sostener parados. Bajan la vista o voltean la cara para evitar la plática con las personas que no tienen uniforme igual al suyo. Están ahí durante el sol de más de 36 grados que todos los días cae sobre este terreno ejidal, que abarca varias hectáreas donde se localiza la fosa y en el cual sólo hay un tristísimo árbol para resguardarse.

Del domingo al lunes aumentó el número de elementos policiacos; antes sólo había cuatro o cinco cuidado la fosa. Más de veinte resguardan la línea de seguridad; otros apenas se distinguen, aburridos, a veinte o treinta metros.

Hay policías entrando y saliendo de la zona prohibida, pero los que tienen que estar 24 por 24 son los más afectados por el sol y por la tierra que se les enreda en las pestañas y se les mete en los agujeros de la nariz cuando el aire levanta con sus manos campesinas sus remolinos de cañas de maíz y polvo.

–Sin novedá. Mucho polvo por acá y mucho frío por las noches. A veces hace aire y chifla por las noches. ¿Oiga y si encuentran a algunos de los muchachos de Ayotzinapa? Sí, huele muy feo, a nosotros nos dieron tapabocas, pero la verdá es que no tapa mucho, cuando hace aire huele mal, pero cuando los abren, cuando cortan las bolsas es cuando más apesta, depende si el aire va o venga, de eso depende. Mi mujer se enoja porque llevo mi ropa oliendomal, pero no le podemos hacer nada, es mi trabajo, ya le dije que una semana y ya vamos a pasar de una semana, se enoja porque le talla y le talla y todavía sigue oliendo mal, pero ni modo, es el olor de la gente muerta. No es lo mismo una gente que muere, que uno ve que está tirado en la calle y muere, tiene un olor, porque yo he estado cerca de algunos atropellados o ejecutados, pero este olor a muerto viejo es distinto. Ya no se quita.

Una mañana, poco antes de las siete, que es cuando la mayoría del personal llega a limpiar las carpas y a registrarse para ingresar a la fosa, un uniformado confundido con el color plomo de la mañana se fumaba un recuerdo, mientras a lo lejos el Popocatépetl, desvelado y silencioso, lanza fumarolas por su cráter.

De oficio, buscadora

Tranquilina
Tranquilina

Texto: Máximo Cerdio/Fotos: Ojocojo

Cuautla, Morelos.-Tranquilina Hernández Lagunas es una mujer que participó en el proceso de exhumación de los cadáveres de la fosa de Tetelcingo donde se extrajeron 117 cadáveres. Por 12 días continuos, de 6 de la mañana a 6 de la tarde, estuvo al pie de la tumba como observadora y representante de los familiares de las víctimas desaparecidas.

Desde que desapareció su hija, hace casi dos años, su oficio es buscarla: “me dedico de tiempo completo a buscar a mi hijaMireya Montiel Hernández, que tenía dieciocho años y que ahora debe tener veinte; y desde que pertenezco a la red de víctimas también me dedico a buscar a los demás desaparecidos”, dijo en una entrevista para Conurbados.

Mireya salió de su casa en la colonia Flores Magón,municipio de Cuernavaca, el 13 de septiembre de 2014. Fue a hacer un mandado, pero nunca regresó.

Tranquilina Hernández obtuvo una orden de un juez penal en la que ordenaba a la Fiscalía General del Estado de Morelos (FGE) recibiera a los peritos de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) para que éstos coadyuvaran en la exhumación y análisis de muestras para obtener el ADN de los cadáveres de la fosa de Tetelcingo. Por ella se reexhumaron los cadáveres y los demás familiares de víctimas tuvieron la esperanza de encontrar a sus desaparecidos entre los cuerpos que se encontraron en la fosa común.

Narró que desde que su hija no está con ella comenzó una investigación sola, porque las autoridades de justicia de la entidad no avanzaban en la indagatoria. Todos los días iba a preguntar a la Fiscalía y le decían que no había novedad. Gastó todos sus ahorros, la despidieron de varios empleos porque tenía que pedir permisos cuando se trasladaba a esos lugares para buscar a su ser amado, en cuanto se enteraba de que en Morelos o cualquier parte de la república mexicana había cuerpos no identificados o se descubrían fosas clandestina.

Mireya foto ofrenda
Mireya foto ofrenda

“Así anduve mucho tiempo de acá para allá, hasta que me integré a la Red de Enlaces Nacionales. Víctimas y Ofendidos del Estado de Morelos, A.C., que agrupa a varias organizaciones en todo México como Frente de Víctimas del Estado de Morelos, la Asociación Unidos por los Desaparecidos de Baja California (Baja California), el Colectivo Colibrí (Ciudad de México), el Colectivo por la Paz, Xalapa (Veracruz), Comité de Familiares y Amigos Secuestrados, Desaparecidos y Asesinados en Guerrero (Guerrero), Deudos y Defensores por la Dignidad de Nuestros Desaparecidos (Estado de México), El Solecito de Veracruz (Veracruz), Familiares de Orizaba y Córdoba (Veracruz), Familiares en Búsqueda María Herrera, A.C (Distrito Federal y Michoacán), Familias Unidas por Nuestros Desaparecidos Jalisco (Jalisco), entre muchos otros; entonces ya comenzamos a buscar no sólo a mi hija sino a las demás y viajamos a Guerrero, a Veracruz y a muchas otras partes de la república mexicana a buscar e identificar a nuestros desaparecidos”, explicó.

También dijo que a ella sola, las autoridades no le hacen caso, la ignoran; pero, cuando se une con otras personas más que buscan a sus parientes, sí la escuchan. “Yo le aconsejo a los familiares que tienen parientes desaparecidos que se unan a la red, porque compartimos un dolor común y un objetivo y nos ayudamos. Mi familiar no es sólo mi familiar, es la hija de todos y todos la buscamos”, expuso.

La familia de esta mujer es muy extensa y solidaria, le ayuda en esta tarea de localizar a Mireya; para ayudarse con los gastos vende artesanías que ella misma elabora y comercia.

“Todos me apoyan. Tengo otra hija pequeña, de 13 años. ‘Mamá vete, yo voy a estar bien. Ve a buscar ami hermana, encuéntrala, si tú quieres ir a ese lugar porque siente que estás haciendo algo importante, vete mamá’, me dice. Me ayuda mucho porque sabe que de mí depende la localización de su hermana mayor”.

Desde que su hija no está con ella, no puede conciliar el sueño. Ya no puede ver la vida como antes. Le falta su ser querido:

“La madre que pierde a una hija no encuentra paz. Yo ya no soy yo desde que Mireya desapareció. Estás preparado para la muerte, te resignas, ella ya no está contigo. La viste muerta, la enterraste, sabes que no está, que se murió. Pero cuando tu hija desparece y no sabes dónde está, o si está sufriendo, o si está muerta, no te resignas”.

“Para bloquear la imagen de que esté muerta o de que esté sufriendo en vida yo la recuerdo como el último día que la vi: despertó en su cama como a lasnueve y media de la mañana. Yo le dije a ella y a su hermana: se le van a pegar los ojos y ellas se comenzaron a reír, a carcajear. Luego ella se levantó de la cama, se preparó un café y se sentó a tomárselo en la sala y se puso muy pero muy tranquila y en paz a ver la tele. Esa es la imagen que yo tengo de mi hija”, explica.

Carteles en Tetelcingo
Carteles en Tetelcingo

“Tengo mucho miedo de encontrarla entre los cadáveres. A lo mejor está aquí y podré enterrarla en un lugar, sabré que está ahí. Pero tengo sentimientos encontrados porque por otro lado tengo esperanzas de que no esté aquí y siga viva, que esté en algún lugar, viva”, asevera esta madre de familia.

El día viernes 3 de junio en que se exhumaron todos los cuerpos de la fosa común, Tranquilina Hernández Lagunas estaba recargada en una camioneta, sola, pensativa:

“Cada que sacaban un cadáver de la fosa, mi corazón comenzaba a latir muy fuerte; así paso con todos los cuerpos. Mi hija, decía yo. Pero algo me decía no, no es tu hija, ella vive. Sé que sólo puedo saber si entre esos restos mortales que vi salir debajo de la tierra está mi hija hasta que se comparen los resultados de mi ADN con los resultados de los cuerpos, pero mantengo viva mi fe en que mi hija siga viva. Mientras dan los resultados, vamos a seguir buscando a nuestros familiares e iremos a donde sea. La búsqueda no acaba”, dijo a Conurbados.

De acuerdo con el coordinador deComisión Científica de Identificación Humana de la Universidad Autónoma de Morelos, Iván Martínez Duncker, Tranquilina tendrá que esperar seis meses para que se obtengan las muestras de ADN de los cadáveres de la fosa de Tetelcingo y se comparen con las muestras de los familiares de las víctimas.

SG no descarta que asesinato de niña esté relacionado con crimen organizado

 

Detención por policías
Detención por policías

Por Silvia Lozano Venegas

Cuernavaca, Morelos; 28 de junio de 2016. El secretario de Gobierno, Matías Quiroz Medina, no descartó que el asesinato de una mujer embarazada y una niña de cinco años, ocurrido ayer en el municipio de Cuernavaca, estén relacionados con el crimen organizado.

El funcionario estatal dijo que la línea de investigación que sigue la Fiscalía, es la relación con el crimen organizado, “desafortunadamente tiene que ver con hechos que tiene que ver con temas de delincuencia organizada, no queda descartada está línea de investigación, hay datos muy sólidos que la Fiscalía irá dando a conocer con puntualidad”, recalcó.

Quiroz Medina manifestó que el asesinato de la mujer embarazada y su menor hija, son hechos que indignan, reproblables, que irritan al gobierno y que molestan.

A pregunta expresa de si este hecho no es el reflejo de que ya está tocando a la sociedad civil, respondió que no, pero reconoció que se ha recrudecido la violencia pero que reforzarán con apoyo del Mando Único y Policía Federal.

Sobre este asunto José Martínez, integrante de la Comisión Independiente de Derechos Humanos, dijo hay una revictimización por parte del gobierno, ya que está atribuyendo un asesinato al crimen organizado sin haber hechos las indagatorias del caso.

Explicó que es ilógico que el gobierno por una lado afirme que han acabado con las bandas del crimen organizado y por otro lado atribuyan a estas bandas estos homicidios.

También expuso que el gobierno está usando al Mando Único no para la función para la que fue creado, sino para reprimir al magisterio, a los comerciantes y al pueblo.