Los hijos e hijas de zapatistas, descendientes de revolucionarios del Ejército Libertador de Sur, a más de un siglo que sus ascendentes iniciaron la lucha agraria más importante en el mundo, hoy exigen al gobierno del estado de Morelos que cumpla con la Ley de Estímulos y Recompensas que ganó el movimiento del Frente Zapatista de la República.
Su principal líder, Edgar Castro Zapata, bisnieto del general Emiliano Zapata Salazar y nieto de Mateo Zapata, éste, hijo del caudillo del sur, reprochó al gobierno de Graco Ramírez, que a cuatro años de haber llegado al acuerdo para que 310 personas descendientes de zapatistas recibieran el estímulo de dos mil pesos mensuales y servicios médicos, entre otros, a la fecha no se ha cumplido con la ley.
Castro Zapata recordó que las instancias del gobierno federal y estatal, con motivo del centenario de la firma del Plan de Ayala, en el año 2011, constituyó una comisión que reconoció a 310 descendientes de revolucionarios zapatistas que tendrían derecho a recibir esa pensión; sin embargo, esto no ha sucedido, por esa razón han realizado varias movilizaciones.
Hasta ahora, aún viven 15 viudas de veteranos zapatistas que reciben la pensión, pero en el centenario de la firma del Plan de Ayala, el beneficio se amplió a hijos, hijas y nietos, y en la actualidad, son unos mil demandantes de esta pensión. Éstos cuentan con documentos que los acreditan como familiares de revolucionarios.
Entre las demandantes: Obelia Rodríguez Ríos, descendiente del general Eutimio Rodríguez de Tllaquiltenango; Gregoria Pérez Cruz, hija de Juan Pérez Burgos, capitán primero de caballería; Julia, bisnieta del veterano zapatista José Hernández, de Tlaltizapan; María de Jesús Peñaloza, nieta del coronel Emilio Martínez Salgado, de Tepoztlán; Daniel Zequeira, bisnieto del coronel de caballería Aurelio Escorcia y bisnieto del general Constancio Farfán.
Anenecuilco, Ayala. En esta población de tradición histórica se han dado a la tarea de redimensionar a los zapatistas que la historia ha dejado en el olvido, esos revolucionarios eran humanos no estatuas de bronce, sino de carne y hueso, comentó Lucino Luna Domínguez, historiador y cronista que durante 23 años estuvo al frente del museo Casa Zapata.
Durante una entrevista a Dante Aguilar Domínguez y Luna Domínguez, ambos me platicaron sobre los resultados de sus investigaciones acerca de los revolucionarios zapatistas como los hermanos Hernández, de Tepoztlán, Morelos, que acompañaron en las batallas al hermano mayor de los Zapata Salazar, Eufemio, al que apodaban el Garrudo.
De acuerdo a datos de estos investigadores que compartieron su conocimiento a esta reportera, aseguró Luna Domínguez, que Eufemio, no sólo era un líder de guerra, era también un líder moral que desde su juventud fue preparado para la defensa legal de la tierra; tanto Emiliano como Eufemio, “eran como dos gotas de agua” enamorados; recuerda Lucino, ambos enamoraron a dos hermanas originarias de la Villa (de Ayala), ellas eran Josefina y Paulita Muñoz, novias de Emiliano y Eufemio, respectivamente.
Lucino hizo alusión a una fotografía encontrada en el Museo de la Revolución Mexicana: “es una fotografía muy hermosa”; en ella, Eufemio aparece tomándole la mano a una muchacha de Cuautla, el gesto adusto del hombre fuerte, se transforma y muestra el rostro de un hombre amoroso.
Eufemio Zapata fue un comerciante afamado en la región de Amilpas, era comerciante de plátanos, en Anenecuilco tenían huertas cerca del río, y él comercializaba varias frutas que con la introducción de ferrocarril interoceánico logró diversificar su producción, destacó Aguilar Domínguez.
Los restos de Eufemio Zapata Salazar se encuentran en la calzada central que ha sido siempre la entrada principal a la capilla del poblado, se sabe que se sepultó de noche, y sí, hubo doble de campanas, hoy en día el panteón sigue en funciones.
Eufemio Zapata fue el soporte moral, en mayo de 1911, en la toma de Cuautla, y firmante del Plan de Ayala, aseguró Luna Domínguez
Hoy, en esa capilla se resguardan los archivos; aún existen las actas de las calificaciones de Emiliano Zapata, la listas de asistencia, las quejas contra los profesores, la forma de pago al maestro que era en especie, este lugar fue oficinas de los gobernadores indígenas del pueblo, fue calabozo, escuela, entre otros usos en los siglos XVII y XVIII.
Anenecuilco, Ayala. A 137 años del natalicio de Emiliano Zapata Salazar, a un año del centenario de la muerte de Eufemio Zapata Salazar y a dos del primero, los historiadores y cronista de este poblado –lugar de nacimiento del zapatismo– desentrañan la historia de sus antepasados con un árbol genealógico de 300 años, a la que consideran una generación protagónica de la historia.
Hasta ahora, el mayor número de estudios han sido sobre Emiliano Zapata Salazar, el hombre que representa el más grande de los anhelos de los campesinos del estado de Morelos, la tierra que sea devuelta a sus legítimos dueños.
De acuerdo a Dante Aguilar Domínguez, historiador originario de este lugar, en entrevista destacó el trabajo de los historiadores locales y descendientes de los revolucionarios del Ejercito Libertador del Sur, que se han dado a la tarea de registrar la historia de Anenacuilco, entre éstos, destacan: Lucino Luna, Edgar Castro Zapata Eulalio Aguilar, María Esther Aguilar y Brianda Sánchez, entre otros.
Los trabajos reúnen la memoria colectiva de los ancianos y, apoyados en documentos, trabajan en la biografía de Eufemio Zapata Salazar, hermano mayor de los Zapata Salazar y 15 años más que Emiliano.
Sucede que Eufemio fue, según Lucino Luna, un gran estratega en la lucha revolucionaria y uno de los principales jefes, que la historia había dejado en el olvido.
Por su parte, Dante Aguilar Domínguez, responsable de la biografía de Eufemio, destaca que, éste recibió educación para representar a su pueblo, su maestro fue Mónico Ayala Zapata, que realizó estudios en el Instituto Científico y literario de Toluca, becado por el entonces presidente de México, Vicente Guerrero, entre el joven Mónico, se encontraba, Ignacio Ramírez, El Nigromante.
Según datos encontrados en los archivos de Anenecuilco, a Eufemio se le reconocía con el nombre de Eugenio; quien concluyó la primaria, cuya duración era de cuatro años, pero estudió dos años más, tiempo en que fue preparado para conocer las reformas juaristas y el Código Legal y redactar oficios para apelar la defensa de la tierra; además de Eufemio, también recibió esa educación, Juan N. Gutiérrez.
Los pueblos como Anenecuilco, aseguró Aguilar Domínguez, en el convulso siglo XIX se preocuparon por dar educación a sus hijos e hijas, y la pagaban, así lo registran los documentos del poblado; también las mujeres recibían educación como es el caso de Carlota Pérez, prima de Emiliano, que sabía redactar un documento y tenía firma.
En el registro de la historia, se ha iniciado la identificación de la descendencia de Eufemio Zapata, por línea de Mateo Zapata Camacho, destaca entre éstos: Eusebio Zapata Rojas, Elizabeth Zapata Rodríguez, Álvaro Zapata Rojas nietos de Mateo, hijo de Eufemio.
Cuernavaca, Morelos; agosto de 2016. No podía estar más cerca de los poderes del estado. Equidistante apenas cien metros del Palacio de Gobierno y del Congreso de Morelos, operaba con la fachada de una agencia de viajes, pero los letreros estaban ahí, a la vista de todos: “Invierte tu dinero con atractivo interés” y, al calce, la firma de un negocio con más de tres décadas en la ciudad.
Su dueño, hoy octogenario, siempre al frente del local. Junto a él, un par de empleadas igual de presentes, igual de constantes, hasta que la mañana del pasado 13 de marzo –con el cierre definitivo del establecimiento– se acabó todo: los dos puestos de trabajo, la actividad comercial legal, la financiera clandestina y casi 10 millones de pesos producto del ahorro de entre 20 y 25 personas, la mayoría de la tercera edad.
El negocio paralelo
Foto tomada de la página web de la agencia
Desde hace 20 años, Rodolfo Blanquel Guzmán, propietario de lo que primero fuera Viajes Velasco y después Blanquel Viajes, decidió diversificar su empresa familiar y añadir al negocio turístico uno más redituable en el corto plazo aunque ilícito, puesto que no contaba con los permisos para ejercer actividades reservadas a las instituciones de banca y crédito.
Sin la licencia de la autoridad hacendaria ni publicidad explícita de giro financiero, el comerciante extendió contratos de inversión a particulares, a quienes les ofrecía el 1.5 por ciento de interés mensual. Los montos de inversión de cada ahorrador oscilaban entre 50 mil y un millón 300 mil pesos.
Al principio, Blanquel Guzmán sí cumplía con el pago de los intereses pactados pero los últimos años, con la decadencia de la agencia de viajes, comenzó a tener problemas para acatar los compromisos de manera que para pagar a unos pedía prestado a otros, como una espiral interminable, hasta que no pudo más.
Las demandas
Ante las promesas incumplidas de que “vendería unos bienes raíces” de su propiedad para pagar intereses atrasados o devolver los ahorros, en octubre de 2015, sus clientes comenzaron a demandarlo en la Fiscalía General del Estado; uno de ellos logró embargarle el edificio de tres pisos, mismo que albergaba la agencia de viajes, otros dos locales y tres departamentos. El litigio continúa.
Después, sobrevinieron otras demandas.
A las 5 de la mañana del domingo 13 de marzo, el anciano, con la ayuda de sus hijos, desmanteló la agencia de viajes, cambió los candados y desapareció.
A mediados de este año, dos personas denunciaron el fraude en la página de Facebook de Conurbados. Una de ellas, que aparece en la red social con el nombre de Marcos Morelos, el 18 de mayo escribió (se respetan ortografía y sintaxis originales):
“Este tipo sin escrupulos ha llevado a la quiebra a clientes sin importar que sean de bajos recursos, jubilados y adultos mayores quienes le confiaron sus ahorros de toda su vida (…) Asi es Señores!!despues de muchos años en el mercado y ser una agencia de viajes muy conocida en el centro de esta ciudad, “VIAJES BLANQUEL” propiedad del Sr. Rodolfo BlanquelGuzman, cerro sus puertas de la noche a la mañana” (sic).
En el mismo texto, el usuario de la red social mencionó, como relacionada con el caso, a la carpeta de investigación SC01/2393/2016 y pidió que se difundiera su mensaje “para que se vuelva viral y el gobierno, medios informativos, y toda la sociedad civil esté enterada y no se permita más impunidad”.
A pesar que de manera inicial había aceptado una entrevista con Conurbados, finalmente, Marcos Morelos se rehusó a declarar a este medio de comunicación. Otras personas involucradas en el asunto sí accedieron a revelar la información siempre y cuando se omitiera su identidad, toda vez que el proceso sigue abierto ante la justicia.
Se sabe que Rodolfo Blanquel Guzmán también fue demandado, desde el mes de marzo y vía la justicia laboral, por sus dos empleadas, una con 19 años de servicio y la otra con 11 años de antigüedad en la agencia de viajes que estuvo ubicada en el número 5 de la calle Lerdo de Tejada, de la colonia Centro de Cuernavaca.
Se repite la historia del “Caso Chavelas”
Aunque a menor escala, por las cantidades defraudadas y el número de ahorradores afectados, la estafa de la que ahora se acusa a Blanquel se asemeja a otra muy sonada en los albores de los años 90, en Morelos.
Según datos de internet y de diferentes entregas de la columna Atril que, para Diario de Morelos, escribe José Manuel Pérez Durán, la Agencia de Viajes Chabelas SA de CV funcionó en Yautepec durante 18 meses, entre 1989 y 1991, como caja de ahorro y casa de bolsa al extender contratos de inversión y préstamos a particulares, a los que ofrecía, por adelantado, el 10% de interés mensual.
De acuerdo con el mismo periodista, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público calculó entonces que aproximadamente diez mil personas perdieron, en conjunto, 140 mil millones de pesos viejos (en 1993, se le quitaron tres ceros a la moneda nacional).
El 30 de mayo de 1991, en Acapulco, Guerrero, agentes de la extinta Policía Judicial Federal al mando de Isidro Landa Mendoza detuvieron a Saúl Chavelas Vargas, propietario del negocio irregular y de otros negocios locales: el supermercado “Ary-Mar”, el restaurante-bar “Xochimancas”, la revista El Zarco y el equipo de futbol “Tigres de Yautepec”, de la segunda división “B”.
El escándalo fue mayúsculo en la entidad por las reiteradas protestas de los perjudicados, quienes demandaron que el Ejecutivo estatal, en esas fechas encabezado por el gobernador Antonio Riva Palacio López, se hiciera cargo de restituirles sus ahorros, por haber permitido que funcionara el fraudulento negocio. Al cabo de un tiempo, el gobierno del estado pagó a los quejosos.
Turistas, también afectados
Letrero en la fachada
Entre ocho y diez personas que habían adquirido, antes del cierre de la compañía, pasajes de avión, paquetes de hotel y otros paseos resultaron igualmente damnificadas. Dos de ellas habían contratado una visita a Turquía por una cantidad total de 90 mil pesos.
Durante los días posteriores al 13 de marzo, una lona colocada al frente del comercio ofrecía una dirección de correo electrónico y un número telefónico para atender “cualquier asunto relacionado con reembolsos y viajes pendientes”.
Según las fuentes consultadas por Conurbados, los hijos del empresario sólo reintegraron pagos correspondientes a lo turístico, pero a ningún inversionista de la casa de bolsa encubierta. Marcos Morelos escribió en su cuenta de Facebook que ese teléfono “no recibe llamadas y sólo responden a los mensajes de buzón que les conviene”.
Los gobiernos federal, estatal y municipal tienen programas para jefas de familia, para madres solteras, para los ancianos, para los estudiantes, para las víctimas y sus familiares, pero no ayuda a padres solteros que están en una situación difícil como la de Raymundo Gil Salinas.
Tiene cuarenta y seis años.Él solo mantiene a su pequeña hija Naomi Sayuri Gil Santiago, de ocho años de edad, quien tiene dislexia, déficit de atención, disminución visual y auditiva, motivo por lo que requiere médicos especialistas, medicinas y terapias de lenguaje, entre otras. Su trabajo como bolero ambulante no le alcanza.
Pidió a las autoridades de los gobiernos estatal y municipal que le permitan trabajar honradamente, como lo ha hecho desde siempre, boleando zapatos en plaza de armas, ya que es una garantía constitucional, es un trabajo honrado y le permite satisfacer sus necesidades y las de su pequeña:
“Mi hija y yo estamos solos en Cuernavaca, y mi trabajo es lo único que yo tengo para sobrevivir y para darle a ella sus alimentos y escuela, vestirla, además de las terapias y medicinas que necesita; es una niña con capacidades diferentes”, explicó.
Raymundo Gil Salinas
La discapacidad de su hija
Raymundo es originario de Ecatepec, Estado de México, trabajó allá y en la Ciudad de México como documentador en autotransportes, también fue policía y aprendió a hacer paletas. Llegó con su esposa hace más de 15 años a Cuernavaca, en donde puso una paletería. Le fue muy bien en un tiempo pero después su situación se complicó al grado que hace cinco años su esposa lo abandonó, dejándolo con su hija que en ese entonces tenía tres años de edad.
–Naomi tiene ocho años. Yo trabajaba mucho y no miraba nada anormal en ella, pero conforme fue creciendo pude darme cuenta que era distinta porque no escuchaba ni veía bien y no hablaba bien. Después de muchos años y de acudir a hospitales y especialistas se le diagnosticó síndrome de Asperger, déficit de atención, problemas de lenguaje, de audición y de la vista, y desde ese momento hemos acudido con médicos, con psicólogos, con el psiquiatra y a terapias, en el Hospital del Niño Morelense y en otras instituciones.
Este padre soltero se quejó de que en las escuelas especiales donde ha estado su pequeña, los maestros sólo ven números y datos. Diagnostican a partir de estudios, condenan a las personas a una vida aislada porque tratan con personas con capacidades diferentes.
–Algunos doctores no ven el lado humano a pesar de que trabajan con humanos. En el caso de mi hija, le dieron un diagnóstico de déficit de atención, dislexia y otros problemas pero yo insistí mucho en que la pequeña entrara a una escuela “normal” para que pudiera convivir con los demás niños y fuera tratada como los otros, para que ella hiciera el esfuerzo y se incorporara a una sociedad en donde hay una mayoría sana. Fui muy necio y por fin, gracias a Dios, Naomi va a entrar a la escuela federal “20 de Noviembre”, que es una escuela normal. Ahí yo me comprometí a entregar a la dirección los resultados de una prueba en la que se explicaran sus fortalezas y debilidades para que las los maestros, a partir de este diagnóstico, le ayudara a trabajar estos aspectos.
Durante cuatro semanasRaymundo llevó a su niña a la Universidad Autónoma del Estado de Morelos y las psicólogas le practicaron un test psicométrico denominado Escala Wechsler de Inteligencia (WAIS). La primera semana de julio los especialistas ya tenían los resultados, pero Raymundo no ha podido recogerlos porque le faltaban seiscientos pesos, los cuales piensa juntar antes del inicio del ciclo escolar para llevarlos a la directora de la primaria, como se lo exigieron.
Raymundo Gil Salinas
Una situación económica complicada
Hasta antes de que el gobierno del estado prohibiera a los ambulantes vender en Plaza de Armas (porque la remodelaría para darle una imagen turística “internacional”), Raymundo ganaba entre 120 y 130 pesos diarios, que apenas le alcanzaban para mantenerse él y a su hija.
Desde mediados de mayo, policías comenzaron a impedir a los vendedores que ofrecieran sus productos en el zócalo, y desde el 22 de junio hubo policías e inspectores que los retiraban de ese lugar y de las inmediaciones.
Raymundo explica que él, como todo el mundo, tiene derecho a trabajar en una actividad lícita:
–Yo ofrezco mis servicios en todo el centro, no soy vendedor, pero igual, vienen los inspectores y me quieren recoger mi caja y pues si me la quitan, me dejan sin herramienta de trabajo. Tengo que andar de escondiéndome de las autoridades y eso no me da chance de trabajar como se debe. Desde la segunda quincena de mayo ando ganando como cuarenta o cincuenta pesos diarios, todo el día, es decir, ni la mitad de lo que ganaba yo para sobrevivir con mi hija. Es algo que yo no entiendo del gobierno: nos prohíbe trabajar pero no crea fuentes de empleo.
Según él, como bolero puede transportar sus herramientas de trabajo a donde quiera que va, a terapias con su niña, al Hospital del Niño Morelense, o si va a recoger a la escuela a la niña también ofrece sus servicios. Si va al mandado carga con su caja y bolea, cuando lleva a Naomi, mientras ella es atendida él se pone a trabajar y se gana unos pesos. Su oficio le ha permitido aprovechar el tiempo para poder atender a la niña, de otra manera no hubiera podido estar cerca de ella.
El pago de la renta, la alimentación para él y su niña, su vestimenta y calzado, los pasajes que se necesitan para el médico y las terapias, las medicinas que no da el seguro popular y los gastos escolares son demasiado para Raymundo.
–Los sábados y domingos que ella no va a la escuela ni al médico ni a sus terapias nos echamos un “volado” y así decidimos si vamos a divertirnos a un lugar donde no cobren como el parque Solidaridad (ubicado la periferia de Cuernavaca). Ahí se divierte con los juegos y con algunos niños que llegan también los sábados y domingos. Yo voy ahorrando para comprarle a Naomi un dulce, un raspado para que lo disfrute. Bueno, eso era antes, cuando no nos prohibían trabajar en Plaza de Armas; ahora ya no hay chance de ir a divertirse, debemos trabajar sábados y domingos.
Muy solos los dos
Los abuelos de Naomi viven en el Estado de México, sin embargo los ve poco porque su papá debe trabajar todos los días y en últimas fechas sólo ha habido dinero para sobrevivir, no para viajes.
–Mi padre fue cargador en La Merced. ¡Fuimos quince hermanos! Y una de las cosas que nos decían fue que no agarráramos a nuestra familia de “paño de lágrimas”, a no dar molestias ni pedir nada. Mi padre nos enseñó a ser independientes desde niños. Todos teníamos que contribuir con dinero en la casa, dábamos gasto. Mi madre nos enseñó a cocinar, a zurcir, a hacer el aseo, todo lo sabíamos hacer. Yo envidio a las personas que le dicen a sus hijos:“no te preocupes, déjame a mis nietos y yo los cuido”, en mi caso no, mis padres viven lejos y no puedo hacer eso, ya son grandes y no estoy acostumbrado, por eso estoy solo con mi niña.
Una jornada ordinaria
–Me levanto a las cinco de la mañana, preparo el desayuno y el lonche de la niña, la dejo dormir un poquito más, arreglo su uniforme, lo plancho, me arreglo, me baño, preparo mis cosas del trabajo. Ahora sí, el despertador: cuarto para las seis, despertarla, que se asee, peinarla, dejarla bien bonita, y salir seis veinte o seis y media de la casa, para llegar a las siete y media a las escuela. Dejar a la niña, venirse a trabajar y comenzar a bolear y pedirle mucho a Diosito que los inspectores no nos quiten el cajoncito para poder trabajar. Regresar a las dos y media o cuarto para las tres por la niña, pasar a bolear otro poco más. Dirigirme al mandado al mercado, ir a la casa a hacer la comida. Cuando tenemos terapia, ir con la niña y llevar mi cajón para trabajar, regresar por la tarde, hacer las tareas, a las nueve de la noche a dormir. Nos dormimos temprano porque las desmañanadas son muy pesadas. La niña está siendo medicada y necesita descansar. La llevo al siquiatra y él le da medicina.
Raymundo Gil Salinas
“El día más terrible de mi vida”
De acuerdo con el padre de Naomi, la niña está aprendiendo a ser autosuficiente. Bañarse, peinarse, arreglarse para ir a la escuela, para tener ordenadas sus cosas.–Gracias a la estricta educación de mi padre conocí el desapego. Mis catorce hermanos dábamos gasto en la casa, trabajábamos desde muy pequeños, nos hacíamos responsables de nosotros mismos. Comprábamos nuestra ropa, lavábamos, guisábamos nosotros. Todo esto se lo estoy enseñando a ella, a mi niña, para que no dependa de nadie. Sé que cuando sea grande, ella y yo nos separaremos, porque así debe ser. Ambos nos estamos enseñando, ella me enseña a ser paciente, responsable, me enseña a amar como aman los niños a sus padres, y ahí, soy un alumno suyo de primer semestre. Ella y yo aprendimos lo que es el desapego cuando su madre nos abandonó. Recuerdo que ese día yo llegué como a la nueve y media de la noche a la casa, llegué temprano porque normalmente regresaba como a las diez y media u once porque yo trabajaba mucho para mantener a mi familia. Entonces llegué y la vi en la banqueta del lugar donde rentábamos, tenía tres años mi niña, estaba llorando. La vi y me acerqué a ella y le pregunté que le pasaba y me dijo: “mamá se fue, ya no está con nosotros”. La metí a la casa, le puse su suéter y me salí a buscar a la mamá y hasta ahora no la he encontrado ni ella ha vuelto para ver a su hija. Obvio, nunca la iba a encontrar porque la vida en Morelos termina muy temprano. Este ha sido el día más terrible de mi vida.
El futuro
–Yo quiero que Naomi Sayuri sea una señorita muy hermosa. Que estudie, que se supere, eso es lo que quiero para ella. Quiero que yo mismo admire a mi hija. Pero hay algo que deseo con todas mis fuerzas y quizá no se cumpla: que un día ella y su madre se den un abrazo.